domingo, 13 de julio de 2014

El engaño a sí mismo

Recuerdo una vez que con un nudo en la garganta aceptaba que uno de los dolores y miedos más grandes es conocernos a nosotros mismos. Saber quienes somos en realidad es difícil, porque nos damos cuenta de todo lo que nunca queremos ver. Pero principalmente es muy duro por dos cosas. La primera  es que aceptamos que si tuviéramos un dile de nosotros, probablemente no lo aguantaríamos por mucho tiempo. Pero el segundo, es que al conocernos se hace imposible engañarnos a nosotros mismos. Desde ese mismo momento tenemos la responsabilidad de tomar las riendas de nuestras decisiones, nuestras emociones y de nuestra vida. Es en ese instante que nos damos cuenta  que todas esas situaciones que nos dan tristeza, angustia o miedo son solamente momentos que conducen a esos sentimientos por como nosotros entendemos lo que nos pasa. Pero, a la vez, son situaciones a las que nosotros nos vemos expuestos porque, en la mayoría de los casos, aceptamos exponernos a ello.

Pero, por qué seguimos, o sigo, poniendo excusas, creando razones,  y dándome explicaciones situaciones  a las que sigo exponiendome  que se que no me llevan a mi tranquilidad o felicidad....  En el momento en el que tomamos la opción  de no engañarnos a nosotros mismos debemos votar el ego por la ventana, porque normalmente  las acciones que alimentan el ego,  no alimentan el ser. El miedo de nuestra mente a quitar esa barrera que es el ego se basa en que al alimentarlo, experimentamos  placeres momentáneos y una sensación de satisfacción.

Es hora, para mi, de experimentar el amor infinito que este universo tiene y dejar mi ego en aquel lugar donde los recuerdos y los juicios se queden y alimentar el ser tomando decisiones que respondan sinceramente a lo que necesito y soy... Porque la única persona a la que no puedes engañar, es a ti misma

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